Pablo Sirvén desde La Nación, el antro literario de la Oligarquía lo hace literalmente mierda al gordo LaNata por su ridiculo show "La rotativa del Maipo".
Debe ser malisimo para que el Patrón despedaze asi el ridículo de su Empleado del Año en público. De hecho a lo largo del texto hay cierto manto de piedad, llamados a la reflexión, a trabajar mas, en fin, como que se nota que la cagó.
Le dice lo que nosotros ya sabíamos y venimos escribiendo desde hace rato, pero desde otro ángulo.
Imaginate que estrenas una obra y el crítico del diario mas importante de la Oligarquía te dice:
"La rotativa del Maipo terminará por volverse una mélange insufrible. Que encuentre rápido la solución a lo que le pasa porque los comentarios de boca en boca van muy rápido y la genuina expectativa que ha despertado puede convertirse pronto en desinterés si no le mete mano de inmediato a su monólogo. ¡Más le vale que el ángel de Tato Bores lo ilumine pronto!"
Uhh...
Te querés matar...
Lo transcribo todo para que no tengan que ir a La Nación.Va en
negrita esas cosas contundentes que cuando los artistas las leen les pega mal. Pero mal.
.......................................................................................................................................................................................Sí, pero no. Jorge Lanata quiere y puede, pero no se anima del todo...todavía. Seguro que es una cuestión de tiempo y que en pocas funciones su inspirado olfato lo llevará rápidamente a entender (y a hacer entender) de qué va lo suyo sobre el escenario del Maipo.
Mientras tanto, habrá que aguantar con la mejor cara
sus interminables peroratas políticamente correctas sobre la desnutrición y su versión mix Billiken-biografía no autorizada que emprende sobre el creador de la Bandera (o de temas por el estilo, ya que anunció que de función a función cambiará sus dichos).
Consciente de que ha dado el mal (?) paso hacia la banalización más evidente e irreversible de su carrera, Lanata pretende contrapesar instruyendo al público sobre temas trascendentes, mientras a sus espaldas, entre bambalinas, sus desnudas compañeras menean impacientes las plumas para salir de nuevo al ruedo y los integrantes de Miranda! se cambian para el saludo final.
Lanata no debería asustarse tanto. Después de todo, no es el primer espécimen de la fauna periodística que traspasa el Rubicón: cada vez hay más mujeres y hombres de la prensa sobre variados tablados o integrando jurados mediáticos y las bolsas del mundo no se deprimen por eso.
* * *
Al principio, todo marcha teatralmente bien. Casi una hora después de comenzado el espectáculo, se recorta de espaldas, por primera vez, sobre el escenario, la reconocible humanidad del inventor de Página 12 y actual director del diario Crítica . Por sobre su cabeza hay un penacho de plumas. Se queda inmóvil en esa posición mientras se sucede un simpático audiovisual donde artistas y colegas especulan sobre su suerte en el mundo del espectáculo.
Cuando se da vuelta y la gente aplaude, se devela la incógnita: el penacho de plumas es un simple plumero. Tiene saco y corbata a rayas (en el saludo final vestirá smoking). Le da calor y queda en camisa con coquetos tiradores. Sorprendentemente, no fuma. (Al final, sí.)
Hay un escritorio, pero nunca lo usará.Se autohomenajea con algunos videos de sus viejos programas (gentileza de la gente de TVR ) y muestra la tapa chiste (su obra magna de cada día) de Crítica . Hasta ahí, todo bárbaro. Y un poco más también, con sus alusiones al Gobierno (¿por qué tan escasas?) y a los inventos supuestamente argentinos.
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El problema aparece cuando a Lanata
le agarra el ataque de solemnidad y se inviste de maestro siruela. Con el mismo material, Gasalla o Pinti nos habrían hecho desternillar de risa.
A Lanata todavía no le llegó el clic: más que por ser novato en estas lides, porque le queda pendiente deshacerse de los últimos pruritos que aún lo frenan por temor al qué dirán y a ciertas contradicciones que seguramente chocan en lo más íntimo de su conciencia.
Pero para que esto funcione de verdad,
Lanata debe autorizarse del todo y de una vez lo que siempre quiso, quiere y querrá ser: una auténtica celebridad; ese Truman Capote-Michael Moore del subdesarrollo que tan bien le sienta. Más vale que tiene con qué, pero... ¡qué pena! Todavía no ha soltado amarras y transpira más copiosamente que de costumbre porque, seguramente, no puede evitar que un pensamiento repetitivo lo asalte y martirice: ?¿Qué estoy haciendo yo acá??.
La respuesta es sencilla: aunque Lanata se ha destacado con grandes dosis de talento en el periodismo escrito y radial,
descubrió en la televisión una pasión desconocida e irrefrenable que se ha ido frustrando por el camino (problemas con América, con sucesivos gobiernos y con Telefé, donde soñaba con conducir un programa de preguntas y respuestas). Lino Patalano supo tocar la puerta de Lanata en el lugar más sensible de su musculoso narcisismo y el resultado es que hoy su nombre figura al tope de la marquesina del Maipo. ¿No era, acaso, lo que quería? Bien. Ahora, que se relaje y goce, y si goza él, gozará el público porque, de lo contrario, si él sufre y hace sufrir al público, la venta de entradas se verá seriamente comprometida.
Ahora, si lo que quiere es arrimarse aunque sea un poquitito a Parravicini o a Discepolín, bien haría en olvidarse ya de pretender quedar bien, al mismo tiempo, con Dios y con el diablo. Basta de poner huevos en distintas canastas para disminuir riesgos porque por ese camino su participación en
La rotativa del Maipo terminará por volverse una mélange insufrible. Que encuentre rápido la solución a lo que le pasa porque los comentarios de boca en boca van muy rápido y la genuina expectativa que ha despertado puede convertirse pronto en desinterés si no le mete mano de inmediato a su monólogo. ¡Más le vale que el ángel de Tato Bores lo ilumine pronto!
Fuente: Nelida Lobato